

26 de septiembre de 2025
LA VIDA SIN VOLUMEN NO TIENE SENTIDO
¿NOSTALGIA?
Jamás escucharéis de mi boca frases como «cualquier tiempo pasado fue mejor», «en mis tiempos esto o lo otro» o «aquello sí que era música». Nada hay mejor que el tiempo en el que vives, aquí y ahora. Y si piensas que tu tiempo es otro que no este instante en el que me lees, lo mejor es que te recluyas voluntariamente en una residencia (aunque no sea geriátrica, valiendo de cualquier otra índole) y esperes apaciblemente a que llegue el momento en el que el Señor tenga a bien llevarte.
No obstante, con mucho dolor, lo reconozco, he de resaltar que , en cuanto al nivel creativo, en lo que se refiere a la música, jamás había alcanzado unos niveles tan bajos como los actuales. Y, seguro estoy, no es responsabilidad de los músicos únicamente. Son las grandes multinacionales las que dirigen las tendencias que imperan en la actualidad en el mundo de la músico, enterrando bajo montones de mierda, a los pocos que anteponen sus estándares de calidad a intereses comerciales.
Sin embargo, los verdaderos responsables de que la calidad musical esté bajo mínimos, no son ni los músicos ni los tiburones de las grandes compañías. Los verdaderos culpables son los consumidores, la mayoría gente sin criterio, ignorantes de casi todo, adoctrinados por mensajes tiktorianos y abducidos por las ideas de cuatro (o cuatrocientos) descerebrados que manejan a un par, o tres, de generaciones que viven arrastradas por una marea de intrascendencia y superficialidad. Y es de esta manera que personajes como Ayuso, Trump o Meloni están donde están. Y es así cómo hoy, cincuenta años después, podemos decir que Franco no ha muerto, que toda esa incultura, esa ignorancia a la que nos han conducido los poderes fácticos, nos hace tragar con carros y carretas sin que tal hecho nos provoque náusea alguna.
Pero, bueno, es lo que nos toca vivir. Son mis tiempos.
Salud
1 de octubre de 2025
Cuando llega el día en el que se cierra la sala, normalmente, antes de comenzar a descolgar las fotos, me siento algo así como liberado. Y podría aseguraos, que esas mañanas, al levantarme, con un suspiro, pienso: «Por fin». Y «esas mañanas» lo escribo en plural, porque es que han sido ya cuatro las exposiciones. Cuatro proyectos que con mi inseparable y muy querido amigo Diego Fernández, hemos llevado a cabo y, me atrevo a decir, con éxito. Pero no penséis que hemos estado solos, qué va. En todas ellas han colaborado amigos -amigas también, claro-, algún familiar, alguien que pasaba por allí en un momento determinado, todo el personal (sin excepción) de La Ciudadela de Jaca y, sobre todo, su dirección, encarnada en las figuras de Francisco Rubio, Joaquín Moreno y Julio Rina, que en todo momento han apoyado nuestras locuras y han puesto los medios para satisfacer las necesidades que Diego y yo les planteábamos, que no han sido pocas. Y me veo obligado a nombrar a algunos de los que en algún momento hemos echado mano: Yunes, Esteban, Pascual, Toño L´Hotellerie, Maru, Cris, Tony… Es que han sido muchas las personas, más de cincuenta. Porque, permitidme que os diga, en cada una de las expos nos hemos dejado la piel, cuidando todos los detalles al máximo de nuestras posibilidades y apenas sin dinero.
Cuatro años intensos en los que más de cien mil personas (tirando por lo bajo) han podido disfrutar de nuestro trabajo. Y no, no exagero, porque, fijaos: en La Ciudadela, durante los meses de verano, pueden llegar a entrar unas sesenta mil personas. Multiplicad y restad los que no les ha interesado ni siquiera asomarse a la puerta. El resultado, canta bastante ¿verdad?
Pero, como decía al principio, cuando termina, me siento aliviado. Porque, he de deciros que yo estoy casi cada día en la sala, cuidando que nada falle, que los visitantes se sientan acogidos, conversando con ellos cuando se tercia, escudriñando miradas, escuchando comentarios… Así que comienzo a descolgar y luego desenmarco. Pero el momento duro llega cuando me toca embalar las fotos, cuando las voy metiendo en las cajas y me toca despedirme de ellas. Y soy consciente, en ese momento, de que tal vez ya nunca verán la luz, que ya nunca, esas miradas, conmoverán a nadie, y se convertirán todas, las cuatro, en miradas ignoradas. y no puedo luchar contra ello ya que no depende de mí. Solo me queda comenzar a pergeñar nuevos proyecto y, quizás, un próximo viaje vaya usted a saber donde. Y cuando pongo el último precinto que las condenará al olvido, les doy las gracias y, en mi corazón, las abrazo.