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01
¿Quién se compadecerá de mí?
¿Quién me ayudará a romper los barrotes
Que me mantienen prisionera?
Esclava soy de tradiciones milenarias
Que no entienden que, nosotras, las mujeres,
También nacemos con corazón y con alma.
Pero no hay un destino en libertad para nosotras.
Somos objetos, moneda de cambio muchas veces,
Maldición para muchas familias.
¿Quién se compadecerá de mí?
¿Habrá alguien al otro lado del mundo
Que se enfrente conmigo a estos barrotes que me mantienen
prisionera?
¿Habrá alguien que no ignore mi mirada?
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
02
La vida nos consume. Nos consume el tiempo que, inexorable, transcurre ajeno a nuestros gozos y tristezas.
Nos consumen los recuerdos que aún quedan anclados en algún lugar de nuestra memoria y que nos dibujan con la mirada al frente, el pecho erguido, la piel tersa, las esperanzas intactas.
Nos consume la injusticia, el odio, el egoísmo, la avaricia… Y, sobre todo, nos consumen los remordimientos escondidos, el recuerdo de las hijas entregadas, de las mujeres maltratadas, de las mujeres ignoradas.
Locución: Toño L´Hotellerie de Fallois
03
Ni siquiera recuerdo un sueño en el que fuera feliz. Los años, han ido borrando los recuerdos de una niñez tan corta que apenas lo fue. Y puede ser que no quiera recordarla para no ser consciente de lo que perdí, de lo que nunca tuve. No puedo soportar la idea de que acaso, cuando era niña, pudiera haber sido feliz y me echaron al amargor de unas manos sin alma, a unos ojos sin luz, a un cuerpo sin corazón. Y queriendo huir, me entregué a la locura cayendo en un abismo sin sueños ni esperanzas. Un lugar lleno de demonios, sin dioses compasivos. Esa soledad abrasadora, esa nada que me envuelve y que no me deja morir. Morir y descansar. Quizás la felicidad sea eso.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
04
Mirada limpia, inmaculada transparencia.
Mirada sin huellas de tristeza y amargura
Mirada libre, todavía,
Del estigma de género.
Mirada sin sombra del futuro,
Solo reflejando un presente feliz.
Pero, éste apenas dura,
El presente casi no es
Y el ahora se esfuma en un suspiro.
Mirada limpia
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
05
Y puede que llegue el día,
El día en el que queramos volver a ser niñas de nuevo.
Tiempos felices
En los que, la ignorancia,
Nos empujaba a mirarnos como mujeres hechas y derechas.
Y puede que un día
Queramos refugiarnos la una en la otra,
La otra en la una,
Y soñar que nunca crecimos.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
06
Guarda tus lágrimas, bien mío,
No las derroches.
Guarda tus lágrimas para las noches oscuras;
Noches junto a una sombra extraña.
Guarda tus lágrimas
Para ahogar la tristeza de una vida sin premios.
Guarda tus lágrimas, mi bien, para ahogar la pena,
Para mitigar el dolor de un parto a destiempo,
Cuando casi sigas siendo una niña.
Guarda tus lágrimas y, ahora, sonríe.
Aún es el tiempo de la risa.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
07
Que sí, que de verdad que soy una princesa.
Todos me cuidan, todos me miman, todos están pendientes de mí.
Fijaos, si no,
En el bello vestido que me han hecho mis tías.
Volantes, puntillas y organdís
Y este lazo…
Este lazo es de princesa
en un vestido de princesa.
Pero a veces sueño
Que me convierto,
Siendo apenas una niña,
En la esclava de un príncipe malvado,
Como mi madre y mis tías
Que, de niñas, También fueron princesas
Locución: Carlota Cano Galiot
08
Agárrate fuerte, mi niño. Junta tu pecho con el mío y siente el dolor de mi corazón esclavo, la soledad de mis noches envueltas en un abrazo extraño.
Agárrate fuerte, mi niño. Junta tu pecho con el mío y navega por mis sueños perdidos, por mis deseos olvidados en una mirada extraña.
Agárrate fuerte mi niño. Junta tu pecho con el mío y refresca tu piel con las lágrimas que recorren mis mejillas, compañeras de las que aún guardo para todos los momentos de dolor que me regalará la vida.
Agárrate fuerte, mi niño. Junta tu pecho con el mío y busca mi esperanza en tu corazón. Esa esperanza perdida hasta que di luz a tus ojos, hasta que tu sonrisa me devolvió la mía.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
09
Cinco lobitos tiene la loba,
Cinco lobitos detrás de la escoba.
Cinco hijos tuvieron mis padres,
Cinco bocas que llenar
con unos puñados de arroz.
Cinco pares de manos levantadas,
Cinco miradas sin esperanza.
Cinco hijos tuvieron mis padres,
Enfermos por la tristeza del hambre.
Cuatro hijos tienen mis padres.
Vendieron a la mayor
Para que los otros cuatro se salvaran.
Cuatro lobitos tiene la loba…
Locución: Carlota Cano Galiot
10
¿Sabéis? Hoy se ha ido mi hermana mayor, con la que jugaba. Mi hermana, que cuidaba de mí, la que me consolaba, con la que me reía, con la que dormía, la que me daba de comer. Y muchos días, mi hermana, la que se ha ido, cuando yo era más pequeña, me cargaba durante horas, sujeta a su espalda por un pañuelo,
Hoy se ha ido mi hermana.
Han venido a buscarla y cuando le he preguntado adónde iba, me ha dicho que se casaba, que quizás ya no nos viéramos más. Se marcha lejos de aquí, a una casa extraña, con gente extraña que yo no conozco. Y ella tampoco.
Hoy, el día que cumplía catorce años, se ha ido mi hermana.
Locución: Jara Benítez
11
En mi aldea hay una escuela. No es una escuela grande, es más bien pequeña. Y no es porque no haya muchos niños, que los hay. Lo que pasa es que casi todos los que van son chicos. No, las niñas van pocas. Yo voy cuando llueve y no puedo salir para hacerme fotos con los turistas a cambio de unas monedas. Y si no está mi padre en casa, claro, porque él dice que las mujeres no necesitamos aprender a leer o a escribir. Y ¿sabéis? A mí me gustaría ir todos los días y poder ser enfermera cuando sea mayor. Pero él, mi padre, con una sonrisa cariñosa, me dice que eso no va a pasar.
locución: Jara Benítez
12
Que no, que no insistas, que no volveré mi cara para que veas la tristeza de mi corazón asomando a mi mirada. Ni tampoco quiero que tus ojos reparen en el rictus amargo de mi labios a los que, desde niña, no acude ni siquiera una sonrisa. Y no dejaré que transites por los surcos que la vida, puta vida, ha dejado en mi piel.
No insistas, que no contemplarás mi pena.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
13
Siempre he sido, en mi corta vida,
Un objeto de cambio.
Y, para ti, no seré sino una curiosidad más de un viaje,
Trece días, doce noches, guardada en tu móvil
A cambio de unas míseras monedas.
Y, cuando vuelvas a tu mundo,
Olvidarás esa mirada triste
Y no pensarás jamás en qué ha sido de esa niña,
Cargada de abalorios y obligada a exhibirse;
Por unas míseras monedas.
Y no pasará mucho tiempo
Antes de que yo misma,
Ignorante de mi condición humana,
Cargue de abalorios a mi propia hija.
Por unas míseras monedas.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
14
Mi mundo es un mundo secreto para ti.
No podrás entender cómo puede aflorar la sonrisa mis labios,
Ni siquiera, puedes ponerte en mi lugar,
Ni entender mis sentimientos.
Ni saber por qué mi corazón no se rebela.
¡Vives tan lejos! ¡Sientes desde tan lejos!
No comprendes que, siendo tan solo una niña,
Vaya a entregar mi cuerpo y mi vida a un extraño,
Alguien a quien no conozco,
Del que ni siquiera sé su nombre.
Y tampoco sé si será dulce o amargo
El sabor de sus besos.
Ni siquiera sé lo que es un beso;
Ninguna caricia se ha deslizado aún sobre mi piel,
Virgen como mi corazón entregado.
Y sumisa, cierro los ojos del alma
Y me entrego a él, cubierta de joyas,
Con mis mejores galas.
Como siempre ha sido,
Como me han enseñado.
Con la sonrisa en los labios.
Y tú no lo entiendes.
¡Vives tan lejos!
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
15
¡Si supieras cuánto me cuesta escribir acerca de ti! Sé de dónde vienes y cuál es tu destino.
Cada año añadirán una argolla más a tu cuello, deformando tu cuerpo, sometiendo tu pensamiento y doblegando tu espíritu. Jamás saldrás de la aldea en la que estás confinada y ningún hombre que no sea de tu etnia, se casará contigo. Y cuando lo hagas, cuando te cases con apenas catorce años, no tardarás en quedarte preñada. Y si es una niña, como no conoces otro mundo que el tuyo, a los dos años, comenzarás a rodear su cuello con anillas; y vendrán más hijas, más anillas, más condenas.
Pero nosotros, que nacemos en un mundo con derechos, te ignoraremos, haremos como que no sabemos nada de ti. Para nosotros es como si no existieras
Locución: Ismael García Coca
16
¿Y cómo te atreves a preguntarme el porqué de mi sonrisa? Para empezar, no es una sonrisa, sino una risa, abierta franca, de esas que llamáis cristalinas. Es una carcajada, quizás para vosotros sin justificación alguna. Pero sabed que, nosotras, no conocemos vuestro mundo, no hemos vivido otras cosas. Solo las nuestras. No sabemos que todos, hombres y mujeres, son iguales ante dios y ante los hombres. Ni hemos oído que podamos elegir nuestros destinos.
Quizás no existan esos mundos.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
17
Mamá, cuéntame un cuento,
Aunque ya sea mayor,
Aunque ya no crea en las hadas,
Aunque sepa que los príncipes no existen
Y que nadie me regalara una estrella.
Mamá cuéntame un cuento,
Aunque sepa que las brujas
Nada tienen que ver con pócimas y hechizos.
Cuéntame un cuento, el que quieras,
Pero con hombres y mujeres
Caminando juntos, de la mano.
Un solo corazón, un único sentir.
Mamá, cuéntame un cuento.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
18
Desde pequeña,
me diste la espalda.
Desde pequeña,
Mis deseos no fueron los tuyos,
Ni mi voluntad, la tuya.
Me criaste para servir,
Para permanecer callada,
Ahogando las protestas,
Ignorando el llanto.
“Así son las cosas”,
Mantra obligado a todas horas.
Nací mujer,
Quizás para purgar pecados de otras vidas.
Nací mujer,
Sin derecho a ser persona.
Y tú, siempre me diste la espalda.
Sin embargo, no te culpo.
Naciste mujer
Y te dieron siempre la espalda
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
19
¡Y si tú supieras lo que mi corazón sufre!
¡Si tú supieras cuántas lágrimas derramo por ti cada noche!
Pero no puedes, eres tan solo una niña,
Aún crees que, tu vida,
Será como uno de esos cuentos de princesas.
Y sufro y lloro, cada noche,
Porque no pude salvarte de una condena cierta.
Pero no puedes ni siquiera imaginarlo;
Eres tan solo una niña.
Cuando crezcas, cuando te hagas mujer,
Tu corazón también sufrirá por esa hija que cargas a un costado
Siendo tan solo una niña
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
20
Apenas comienzo a vivir,
Y ya tengo que volver la mirada.
No quiero que veas mis ojos apagados,
Huérfanos de la luz y el brillo
Que deberían deslumbrar al mundo.
Apenas comienzo a vivir
Y el fuego de mi corazón
Se ha apagado por falta de sueños.
Sueños que alimentan el alma
Y hacen más llevadera la espera.
Sueños que ya no tengo.
Mi vida será igual que la de mi madre y mi abuela;
Igual que las de cientos de mujeres
Que las precedieron
———————————
No te rindas.
La luz y el brillo te rodean.
Vuelve tu rostro hacia mí
Y abre los ojos. Abre los ojos,
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
21
La boca cerrada,
Los labios prietos;
El corazón marchito
Y el alma gastada.
Toda una vida callada.
La boca cerrada,
Los labios prietos.
Una vida en silencio.
Una vida sometida.
La boca cerrada,
Los labios prietos.
Y si no fuera por mis ojos…
Si no fuera por mi mirada…
Locuciónn: Cecilia Ramón Marcuello
22
A mi dios serviré y a mi señor me entregaré.
A mi dios ofreceré el alma
Y a mi señor, la vida.
Y seré sumisa al deseo de mi esposo,
Dejando que mi voluntad sea la suya.
Renunciaré a mi pensamiento.
A la risa, al llanto…
Me humillaré ante ambos
Y haré ofrendas a mi dios.
Purificaré mi cuerpo en el río sagrado,
Rezaré agradecida y bendeciré su nombre
Arrepentida de los pecados cometidos en otras vidas
Y que me han llevado, en ésta, a nacer como mujer.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
23
Que no, abuela
Que no eres tú la protagonista de la imagen,
A pesar de tu cara surcada de vida,
A pesar de tu gesto severo.
El protagonista es el mala
Con el que recitas tus mantras
Para evitar que tu pensamiento
Se pierda en recuerdos, la mayoría tristes,
Y apegos que nos retienen en la ilusión y el engaño.
Y también el molinillo
Que, a cada giro,
lanza una oración al cielo,
Esperando que los dioses la escuchen
Y derramen sobre ti
La misericordia negada durante vidas.
Y las piedras que, hiladas,
Cuelgan de tu cuello
Protegiéndote de los demonios
Que desde niña te acechan.
Demonios que nunca viste,
Al igual que los dioses a los que envías tus rezos.
Pero es el legado que tus padres te dieron.
Tu única y vana esperanza
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
24
Devota, con la fe desbordando los ojos, ojos que casi ya no pueden ver con claridad. Y todo su corazón, todo su empeño puesto en la creencia ciega de que hay un dios que vela por ella. Y pasa las 108 cuentas de su rosario, una y otra vez. Cada cuenta, un mantra que la acerca al lugar reservado únicamente para los que forman parte del cielo.
«Y seréis como dioses».
Y cada cuenta le hace olvidarse de los sufrimientos pasados, del hambre y el desamparo al que ellos, los dioses, la han condenado una y otra vez, vida tras vida. Sin embargo, ella, con su corazón generoso, acepta el maltrato y asume que no ha hecho méritos suficientes para ocupar un lugar en ese cielo prometido. Por eso acepta cada uno de los males que han jalonado su existencia. Por eso reza.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
25
Nunca pienses que lo que muestro es todo lo que tengo
No pienses que no hay nada más allá de la luz.
Lo que enseño es lo evidente,
Lo que los demás quieren ver.
Y lo que oculto es lo que conduce a los sueños,
Al mundo en el que juego a sentirme dueña de mi destino,
Al mundo en el que doy rienda suelta a la risa
A los deseos,
Al mundo en el que las mujeres
Ya no necesitan el pecho de un hombre sobre el que llorar,
Ni una mano firme que las guíe,
Ni nadie que las proteja ni las cuide.
Únicamente necesitan que las quieran libres.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
26
Nací bruja para los hombres y hada buena para las mujeres malas, las que piensan que existen otros mundos en los que ellas serían amadas como personas, seres de carne y alma. Y también las que sueñan que sus hijas nacerán en libertad. Y otras muchas que, en su locura, imaginan una vida feliz. Y durante más de cien años, llevé a sus corazones la fuerza y el coraje, la ilusión y la esperanza. ¡Pero estoy tan sola!. Y ellas, las que precisan de mi consuelo y sostén, son tantas, que mi cuerpo se consume a la par que los sueños que he ido creando para ellas.
Y ahora, al final de mis días, ¿quién tomará el relevo? ¿Quién se ocupará de ellas?
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
27
Yo seré el ángel soñado que guíe vuestros pasos hacia un mundo feliz.
Yo seré aquella que, desde el cielo, cada noche, cada día, os cuente historias de otras mujeres que se han elevado por encima de la miseria y el sometimiento. Mujeres reales, de carne y hueso como vosotras, aunque de universos lejanos.
Despertaré vuestras conciencias desde mi atalaya y mi aliento os llevará a buscaros, unas a otras, para haceros fuertes, seguras, inmunes al dolor que el sacrificio impone.
Y juntas, vosotras conmigo y yo con vosotras, romperemos las cadenas que nos atan a la tierra amarga.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
28
Permaneceré altiva y orgullosa
Con la mirada retando a la vida
Desafiando la barbarie,
Rebelándome contra la opresión y la ignorancia.
Y no someteré mi voluntad
A la de ningún hombre o mujer.
Permaneceré altiva y orgullosa
Y seré compañera, que no sierva.
Libre seré de elegir.
Libre será quien me elija.
Y no habrá ni dioses ni padres que decidan mi destino
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
29
Ocultaré mi rostro y únicamente dejaré a la vista mi sonrisa
Para que nadie me reconozca alegre y feliz.
Ocultaré mi rostro a quienes les ofende que una mujer sonría.
Ocultaré mi rostro, y únicamente dejaré a la vista mi sonrisa
porque así es mi mundo
Tan diferente al tuyo tan remoto.
Ocultaré mi rostro, de momento.
Quizás un día, tal vez lejano,
Tengamos la fuerza para rasgar el velo
Tras el que ocultamos la mirada,
Y que será tan franca y libre como la risa.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
30
Una mirada firme, confiada,
No hay nada que temer de aquellos que miran de frente,
Sin velos en los ojos,
Sin gestos esquivos.
Elegir la fuerza que el estigma otorga ,
El desafío de permanecer indiferente a las miradas ajenas,
Torvas, amparadas en el disimulo,
Curiosidad malsana cultivada por murmullos.
Cabeza alta, sin esconderse,
Orgullosa de haber nacido hembra,
Orgullosa de ser mujer.
Aunque sea marcada.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
31
Cuando salga el sol
Me despojaré de los pañuelos y velos
Que cubren mi cabeza y mi rostro.
Cuando salga el sol,
Arrancaré los ropajes que me ligan
A una condena de por vida.
Y gritaré de dolor al hacerlo,
Tan pegadas están a mi piel.
Pero también de rabia contenida durante siglos.
Gritaré feliz al descubrir mi cabeza,
Al despejar mi cara.
Cuando salga el sol
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
32
Pintaré mi futuro con colores alegres
Y dibujaré sonrisas en mi cara.
Trazaré los ojos grandes, luminosos
Como faros que alumbrarán los corazones libres,
Pero también oscuros, para que la maldad no los encuentre
Ojos preñados de esperanza, cerrados a la amargura.
Cerrados al desamparo y al miedo.
Serán ojos abiertos al amor consentido,
A las cosas bellas que adornan la vida.
Y vestiré mi dibujo con colores alegres, como mi futuro.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
33
Cada noche, guardaré mi sonrisa en una cajita secreta,
cerca del corazón, oculta a miradas ajenas,
para que nadie, aprovechando la oscuridad y el sueño,
me la robe.
Cada noche, guardaré la luz de mis ojos,
esa luz que alumbra caminos de libertad,
en el doble fondo de un armario protegido por siete llaves,
en algún lugar secreto de la memoria
para que nadie, aprovechando la oscuridad y el sueño,
la apague.
Y así dormiré tranquila
Sabiéndome feliz y libre, siempre dueña de mi destino.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
34
Juntas, siempre juntas,
Amparadas por la risa
Y, a veces, por las lágrimas.
Pero siempre juntas,
Hombro con hombro,
Piel con piel,
Corazón con corazón.
Juntas, siempre juntas,
Creando vínculos eternos
Abriendo caminos
Por los que, muy pronto,
Caminarán más mujeres juntas.
Siempre juntas.
Locución: Cecilia Ramón Marcuello
CRÉDITOS
´FOTOGRAFÍAS Y TEXTOS: ISMAEL GARCÍA COCA
COMISARIO DE LA EXPOSICIÓN: DIEGO FERNÁNDEZ GARCÍA
DIRECCIÓN ARTÍSTICA: TOÑO L´HOTELLERIE DE FALLOIS
LOCUCIÓN DE TEXTOS:
CECILIA RAMÓN MARCUELLO
CARLOTA CANO GALIOT
JARA BENITEZ
TOÑO L´HOTELLERIE DE FALLOIS
ISMAEL GARCÍA COCA
COLABORACIÓN ESPECIAL: JAVIER CANO

































